“Si una generación dejase de estudiar, la humanidad actual, en sus nueve décimas partes, moriría fulminantemente. El número de hombres que hoy viven sólo pueden subsistir merced a la técnica superior de aprovechamiento del planeta que las ciencias hacen posible.” José Ortega y Gasset, 1933.
Es fácil imaginar las consecuencias adversas que resultan para la humanidad cuando la técnica queda en manos de profanos que no atienden a los dictados de la prudencia a la hora de decidir y hacer, sin saber de una materia y sin prever las consecuencias de lo que hacen. Esto ya lo advertía el periodista estadounidense Walter Lippmann cuando escribió La opinión pública en 1922: “la decisión sobre las cosas las toman gentes que no tienen la menor idea de cómo funcionan las cosas.” O sea: desastre al canto.
Pues bien, para las nuevas ideas que vienen imponiéndose para el aprovechamiento del planeta, también en España y en muchos municipios, el automóvil ya no es el avance tecnológico que revolucionó el transporte terrestre durante el siglo XX hasta el punto que, junto al desarrollo de las telecomunicaciones, permitieron el desarrollo y el funcionamiento material de la sociedad actual, con el aumento de población producido, cuya supervivencia, calidad de vida y desarrollo de las actividades socioeconómicas, dependen funcional y materialmente de una logística muy precisa, que es posible gracias a la agilidad y eficacia de los transportes, especialmente del terrestre, y esencialmente gracias al sistema y el tráfico viario (caminando y con automóviles, y, en menor medida con vehículos a tracción animal -humana y de otras especies)… ya no.
El sistema viario ya no es el principal sistema de transporte de la sociedad que intercomunica en su totalidad la estructura espacial en la cual se asienta la sociedad y desarrolla la vida y las actividades socioeconómicas, con el que intercomunican los demás sistemas de transporte (todos tienen su principio y su fin en el sistema viario, en él comienza y finaliza todo viaje)… ya no.
La técnica de tráfico, denominada ingenuamente Ingeniería creyendo que se trataba una especialidad tecnológica con objeto y métodos propios para el aprovechamiento del conocimiento en conformar y gestionar un sistema tecnológico complejo, ha dejado de serlo. Tenemos pocos centros académicos para formar a la cantidad de técnicos en el sistema y el tráfico viario que precisa la supervivencia, la calidad de vida, el funcionamiento y desarrollo de la sociedad actual, y la resolución de los problemas que estamos teniendo con el sistema y el tráfico viario (que son una bagatela para lo que se avecina en las ciudades con las nuevas ideas), pero aún esos pocos habrá que cerrarlos por inútiles, porque según las nuevas ideas ya no se precisa la técnica de tráfico para conformar y gestionar ese sistema tecnológico complejo que es el sistema viario, que se creía era el principal sistema de transporte de la sociedad, revolucionado y evolucionado gracias a la incorporación del automóvil al sistema y a las mejoras tecnológicas en las vías y en la gestión del tráfico, de cuyo correcto funcionamiento dependía la supervivencia, la calidad de vida y el desarrollo de las actividades socioeconómicas… ya no.
La nuevas ideas vienen a plasmarse en síntesis en la Editorial del Info Seguridad Vial nº 23, Marzo-Abril de 2010 que publica la Dirección General de Tráfico española, que dice así:
“Sabemos que el reto de nuestro tiempo es recuperar el medio ambiente. Esa preocupación hace necesario un cambio de paradigma desde una movilidad que se ha basado en la fluidez de la circulación a una movilidad sostenible. Este tipo de movilidad requiere una ordenación urbana que, entre otras cosas, haga a nuestras ciudades amables para la bicicleta. Algunas están en ello como se ha visto con la participación de la Red de Ciudades por la Bicicleta en el “3er Congreso de la Bicicleta”, en el que se han abordado cuestiones relacionadas con las infraestructuras y la legislación. La información presentada en el mismo puede ser consultada en el enlace http://www.congresbicicat.org/ca/documentacio.html. La bicicleta también adquiere protagonismo a nivel internacional y por ello el Joint Transport Research Centre de la OECD/ITF organiza el Primer Grupo de Trabajo sobre Seguridad Ciclista. Existe una gran necesidad de dar soluciones efectivas y seguras en este tema, ya que, según la OCDE, durante los últimos diez años el esfuerzo para realizar un trabajo de colaboración internacional ha sido pequeño.”
Si se analiza el texto resaltado en negrita pronto se descubre que no se entiende nada de lo que están diciendo. Veamos. Como premisa cierta e incuestionable dice: ”Sabemos que el reto de nuestro tiempo es recuperar el medio ambiente”. De lo afirmado se deduce que hemos perdido el medio ambiente, sino ¿por qué tenemos el reto de recuperarlo? Pero, ¿qué es el medio ambiente?
Acudimos al DRAE y nos dice que medio ambiente es: “conjunto de circunstancias culturales, económicas y sociales en que vive una persona”. Y referido a la Biología: “conjunto de circunstancias exteriores a un ser vivo”. Luego no sabemos ni tenemos que recuperar el medio ambiente, porque el medio ambiente ni se pierde ni se recupera, es el que es en cada momento y lugar, el que se ha conformado con el paso del tiempo y en el que vive una persona y un ser vivo.
Después dice: “Esa preocupación hace necesario un cambio de paradigma desde una movilidad que se ha basado en la fluidez de la circulación a una movilidad sostenible”. Un paradigma es un modelo, ejemplo o concepto, que se puede conformar sobre algo real observando y definiendo la realidad que se observa; pero también se puede conformar desde la imaginación sin tener correspondencia ni coherencia con la realidad, es lo que llamamos una fantasía.
El cambio de modelo o concepto que proclaman desde la Editorial es desde una “movilidad que se ha basado en la fluidez de la circulación a una movilidad sostenible”. Luego, para entender qué están diciendo hay que aclarar qué es una “”movilidad fluida”” y qué es una “”movilidad sostenible””, o no tendremos ni la menor idea de qué nos están hablando.
Según el DRAE movilidad es simplemente la “cualidad de movible”, y fluidez es la cualidad de fluido, que según el DRAE es lo siguiente:
1. adj. Se dice de las sustancias en estado líquido o gaseoso. U. t. c. s. m.
2. adj. Dicho del lenguaje o del estilo: Corriente y fácil.
3. adj. Econ. Dicho de un factor económico: Fácil de manejar.
4. m. Corriente eléctrica.
5. m. Biol. Cada uno de los agentes hipotéticos que admitían algunos fisiólogos; p. ej., el fluido nervioso y el magnético animal.
Movilidad fluida sería, a tenor de lo que indica el DRAE, la cualidad de “movible fácilmente”. Entonces nos están diciendo en la Editorial que para recuperar ese medio ambiente, que no hemos perdido porque es imposible que un medio ambiente se pueda perder, tenemos que pasar del concepto de “movible fácilmente” al concepto de “movilidad sostenible”, que tampoco sabemos a qué se refieren, porque no se han molestado en decirnos en qué consiste tal cosa.
Para aclarar un poco qué puede ser eso de la “movilidad sostenible”, a continuación reproduzco un artículo titulado precisamente “La movilidad sostenible”, que se publicó hace poco en la Tribuna de la revista Rutas, nº de Marzo-Abril, Madrid, 2010, dice tal que así:
“La movilidad sostenible.
Sandro Rocci y Luis M. Xumini.
Uno de los mantras que ahora se aplican a los temas que interesa presentar como políticamente correctos es el de “sostenible”. Esta palabreja, según el Diccionario de la Real Academia Española, aplicada a un proceso indica que puede mantenerse por sí mismo, como lo hace, p. ej., un desarrollo económico sin ayuda exterior ni merma de los recursos existentes. Según el mismo Diccionario, un desarrollo sostenible es el que, cubriendo las necesidades del presente, preserva la posibilidad de que las generaciones futuras satisfagan las suyas. Esta definición coincide prácticamente con la primera proclamada por el Informe Brundtland de 1987.
Ahora también se ha acuñado la expresión “movilidad sostenible”. Observemos, de paso, que la palabra “movilidad” no figura en el mentado Diccionario más que como “cualidad de movible”, y no en el sentido de un sistema de transporte que, al ser sostenible, cubra las necesidades del presente y preserve la posibilidad de que las generaciones futuras puedan satisfacer las suyas. Se va eclipsando la tradicional palabra “tráfico”, o sea la “circulación de vehículos por calles, caminos, etc.”, aunque otra acepción lo amplía al “movimiento o tránsito de personas, mercancías, etc. por cualquier otro medio de transporte”.
Más que del modo predominante, parece que la movilidad ahora se ocupa predominantemente de los peatones, de los ciclos y del transporte colectivo de superficie; quizás porque se piense que los demás vehículos, al ser mayoría, se cuidan solos…
Aunque se diga que en las ciudades ya se aplican medidas para lograr que la movilidad sea sostenible, no está claro que esas medidas sirvan para algo. Los síntomas más evidentes de que el sistema viario urbano no está configurado correctamente para satisfacer las necesidades actuales del transporte (no ya las futuras) son tres efectos adversos característicos: la congestión, la siniestralidad y la falta de espacio para parar o estacionar. Dado que los dos primeros reciben bastante atención, fijémonos ahora brevemente en el tercero.
La insuficiencia de espacio para parar o estacionar es bastante determinante en el ámbito urbano: es como si no hubiese aeropuertos suficientes para los aviones que están volando. Cuando esa carencia se agrava no sólo aumentan la congestión y la inseguridad; sino que también se agravan otros efectos adversos propios, como por ejemplo un consumo improductivo de combustible por parte de los vehículos que dan vueltas buscando donde parar o estacionar.
En el ámbito del Urbanismo hay escuelas de pensamiento que sostienen que como el espacio público es un bien escaso muy valioso, es un desperdicio dedicarlo al estacionamiento. La aplicación de este filosofismo da lugar al estrechamiento de las calzadas urbanas y a la delimitación de los espacios peatonales mediante bolardos (a menudo agresivos para los propios peatones). Se eleva la altura de las edificaciones, sin prever en las vías que las sirven las necesidades de espacio que implica ese aumento de la población. Las vías ya no se diseñan con el espacio que requieren su correcto funcionamiento.
Otras escuelas piensan que, si no pueden estacionar, los vehículos dejarán de circular. Esto es cierto en gran medida, pero tiene sus limitaciones: una gran parte de los ciudadanos lo seguirá intentando, pues necesita circular o considera que tiene derecho a ello. Otros han descubierto que el estacionamiento, como todo bien escaso, puede ser una fuente de ingresos.
Así, el tráfico urbano no hace otra cosa que agravarse: cada vez más caro, más ineficiente, más incómodo, más contaminante y menos seguro: o sea: menos… sostenible.
Las consecuencias serán aún más graves para las generaciones futuras si no se comienza pronto a diseñar y a gestionar el sistema viario urbano con un nivel tecnológico más adecuado que el actual. Así se podrá invertir la tendencia; y la movilidad sostenible lo será de verdad, en vez de unas palabras vacías, a merced de filosofismos diversos e intereses varios.”
Ahora que tenemos más claro lo que es movilidad sostenible, resulta que lo que proponen en la Editorial es cambiar de un sistema de transporte en el que el movimiento sea fácil (movilidad fluida), a un sistema de transporte capaz de satisfacer las necesidades de transporte del presente sin merma para que puedan satisfacer las suyas las generaciones futuras (movilidad sostenible). O sea, que, como ya se apuntaba, no está nada claro lo que dicen con las palabras que emplean, porque la fluidez es una de las cualidades necesarias en un sistema de transporte sostenible, igual que también son necesarias la seguridad, la comodidad, la economía y hasta cuidar del medio ambiente, pero no en el sentido de recuperar lo perdido porque es materialmente imposible (el tiempo no es reversible), sino de cuidar lo que existe en cada lugar y momento, y si es malo, intentar mejorarlo; actividad que no es recuperar, es mejorar.
En definitiva, a tenor del contenido de la Editorial, andan bastante perdidos en cuanto a lo que es y existe (tienen serias dificultades para concebir algo acertado sobre la realidad), y como consecuencia inherente también andan perdidos en cuanto a qué es lo que hay que hacer para mejorar y sostener este mundo. Pese a ello insisten en decir qué es lo que hay que hacer en un lenguaje ambiguo y vacío que nadie puede entender.
El remate de estas nuevas ideas, de las fantasías animadas de hoy, es cuando se llevan a la práctica sin saber de la materia y sin prever las consecuencias que ello tendrá en las personas y en la sociedad, en la supervivencia, en la calidad de vida y en el desarrollo de las actividades socioeconómicas, más aún cuando esa aventura, palo de ciego o experimento descontrolado con el método de prueba y error, en el que las cobayas obligadas son las personas que transitan y viven en ese medio ambiente, se lleva a cabo en plena crisis.
Una muestra capaz de horrorizar a cualquier cuerdo que tenga por costumbre emplear el sentido común y la prudencia, pensándose las consecuencias que tendrá lo que hace, para sí mismo y para el prójimo, la tenemos en el artículo que ha publicado una edil en Informacion.es, contando como se llevan a la práctica las nuevas ideas sobre el tráfico, el sistema viario y el medio ambiente urbano; puede leerlo pinchando AQUÍ; y otro artículo de otro edil hablando de la reinvención del sistema y tráfico viario urbano, puede leerlo pinchando AQUÍ. Por último, recordar que las consecuencias de lo que técnicamente se hace mal en la configuración y gestión del sistema viario las sufren y las pagan los ciudadanos, los usuarios viarios, a los que a la vez se les acusa de ser los principales causantes de todos los males que existen en el tráfico por calles y carreteras.
13 junio 2010
03 marzo 2010
Poco respeto por la Ley.
Ante la noticia de que la DGT deja a las víctimas con un palmo de narices, Luis Lorenzo Heptener detalla el asunto en un artículo de su estilo y corte publicado en www.accidentologiavial.net.
Poco respeto por la Ley.
por Luis Lorenzo Heptener.
O ninguno, llegado el caso. Hete aquí que el Director General de Tráfico, en unas manifestaciones, ha descartado que las víctimas del tráfico reciban parte de lo que se recaude en concepto de multas.
Surgen muchas dudas ante esta opinión. No se sabe si es producto de la singularidad del personaje, de que ha sido víctima de un momento febril o de una bajada de tensión, de que acaso no sepa leer o de que a él una Disposición Adicional (la tercera) de toda una Ley (la 18/2009, de 23 de noviembre, que modifica la Ley de Seguridad Vial y que entrará en vigor el próximo 25 de mayo de 2010) le importe un bledo y constate que no le afecta.
Sea como fuere, el Sr. Navarro añade que “el importe de las sanciones iba ya a seguridad vial, puesto que está para financiar la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, las campañas políticas de la DGT….y ahora una Ley lo pone por escrito”. Pues no ha dado ni una.
El importe de las sanciones se ingresa en la cuenta general del Estado, como otros ingresos, y entra en ella para compensar los gastos del Estado, sea en sanidad, en educación, en obras públicas, en retribuciones del personal, en tóner o en papel para fotocopiadora. Nada hay, por tanto, que destine esa cantidad en concreto a los gastos de la Agrupación de Tráfico, a la sustitución de las barreras biondas, a colocar unas cámaras de seguridad en el Parlamento de la Nación o a pagar millones de vacunas de la gripe A.
Pero fíjense en el subrayado anterior: su subconsciente le traiciona y habla de “campañas políticas” de la DGT sin ningún rubor, cuando todo el mundo –menos él, que está sin duda mejor informado al respecto que nosotros- cree que esas campañas son divulgativas y preventivas. Pues va a ser que no, que son políticas (como en la Dictadura, curiosa coincidencia) y no informativas. Y, claro, la política ya sabemos al servicio de quién está; lamentablemente, no al del bien común a proteger (la seguridad vial), no a objetivos solidarios (la prevención de accidentes), sino al servicio de los políticos. Mal uso de la cosa pública, sin duda, para asuntos propios –los políticos- y no para lo que debe usarse: a favor de los ciudadanos.
El colofón es de libro; según él, la Ley sólo sirve “para ponerlo por escrito”, como si fuéramos tontos de baba y nos lo creyéramos. Menos mal que no se ha atrevido a decir que la Ley está para incumplirla, dada su poca utilidad, pero tiempo al tiempo. LEER MÁS EN www.accidentologiavial.net
Poco respeto por la Ley.
por Luis Lorenzo Heptener.
O ninguno, llegado el caso. Hete aquí que el Director General de Tráfico, en unas manifestaciones, ha descartado que las víctimas del tráfico reciban parte de lo que se recaude en concepto de multas.
Surgen muchas dudas ante esta opinión. No se sabe si es producto de la singularidad del personaje, de que ha sido víctima de un momento febril o de una bajada de tensión, de que acaso no sepa leer o de que a él una Disposición Adicional (la tercera) de toda una Ley (la 18/2009, de 23 de noviembre, que modifica la Ley de Seguridad Vial y que entrará en vigor el próximo 25 de mayo de 2010) le importe un bledo y constate que no le afecta.
Sea como fuere, el Sr. Navarro añade que “el importe de las sanciones iba ya a seguridad vial, puesto que está para financiar la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, las campañas políticas de la DGT….y ahora una Ley lo pone por escrito”. Pues no ha dado ni una.
El importe de las sanciones se ingresa en la cuenta general del Estado, como otros ingresos, y entra en ella para compensar los gastos del Estado, sea en sanidad, en educación, en obras públicas, en retribuciones del personal, en tóner o en papel para fotocopiadora. Nada hay, por tanto, que destine esa cantidad en concreto a los gastos de la Agrupación de Tráfico, a la sustitución de las barreras biondas, a colocar unas cámaras de seguridad en el Parlamento de la Nación o a pagar millones de vacunas de la gripe A.
Pero fíjense en el subrayado anterior: su subconsciente le traiciona y habla de “campañas políticas” de la DGT sin ningún rubor, cuando todo el mundo –menos él, que está sin duda mejor informado al respecto que nosotros- cree que esas campañas son divulgativas y preventivas. Pues va a ser que no, que son políticas (como en la Dictadura, curiosa coincidencia) y no informativas. Y, claro, la política ya sabemos al servicio de quién está; lamentablemente, no al del bien común a proteger (la seguridad vial), no a objetivos solidarios (la prevención de accidentes), sino al servicio de los políticos. Mal uso de la cosa pública, sin duda, para asuntos propios –los políticos- y no para lo que debe usarse: a favor de los ciudadanos.
El colofón es de libro; según él, la Ley sólo sirve “para ponerlo por escrito”, como si fuéramos tontos de baba y nos lo creyéramos. Menos mal que no se ha atrevido a decir que la Ley está para incumplirla, dada su poca utilidad, pero tiempo al tiempo. LEER MÁS EN www.accidentologiavial.net
14 febrero 2010
Señalización y balizamiento: un problema técnico sin resolver (Ponle Freno)
Señalización y balizamiento: un problema técnico sin resolver (Ponle Freno).
Luis M. Xumini.
“Lo malo no es sólo que haya accidentes de tráfico, sino lo poco que sabemos de por qué se producen y lo poco que hacemos para evitarlos” Albert Einstein.
El sistema viario es un sistema tecnológico complejo y el principal sistema de transporte de la sociedad, que tal y como lo conocemos se ha construido y desarrollado durante el siglo XX con la incorporación del automóvil como elemento dinámico del sistema. Sin embargo, no se ha construido y gestionado con el nivel tecnológico necesario para que el sistema funcione bien, sea seguro y cumpla sus funciones en la sociedad. En otras palabras: no se ha hecho para facilitar las cosas a las personas, para satisfacer sus necesidades ni tampoco para fomentar su seguridad.
En esas condiciones, cuanto más lo usa la sociedad para satisfacer sus necesidades de transporte, más se agravan los efectos adversos que produce y que, además, pueden interaccionar entre sí. Los síntomas más inmediatos y evidentes de que el sistema no está configurado correctamente, de que está funcionando mal y de que es inseguro, son tres efectos adversos característicos: la congestión, la falta de espacio para parar y estacionar, y la siniestralidad.
Lejos de las creencias populares y de las falacias de la pseudociencia, la siniestralidad es la consecuencia de la inseguridad del sistema viario, por no construirlo y gestionarlo resolviendo los múltiples problemas técnicos que hacen que sea tan inseguro.
“No hay sino un medio de evitar accidentes en los caminos, es hacer que sean improbables, pero no improbables para una especie ideal, inexistente, de conductores o peatones prudentes, atentos, inteligentes, de rápida reacción, sino para los hombres tal cual son o tal cual llegan a ser en las diversas circunstancias de la vida diaria." Pascual Palazzo, 1937.
El funcionamiento del sistema es por las interacciones, complejas y poco conocidas, que se producen entre los elementos naturales y artificiales que lo configuran, por ello las características de las infraestructuras son tan determinantes de la siniestralidad y de la seguridad, porque son muy determinantes en el funcionamiento y en el fallo del sistema.
Los peatones y conductores son el procesador natural que transforma la información que percibe de los demás elementos del sistema en acciones para generar y equilibrar el movimiento, por ello la ergonomía es materia fundamental de la Ingeniería de la seguridad viaria. Su objetivo es asegurar que los humanos y la tecnología operen en completa armonía, manteniendo los elementos tecnológicos y las tareas de acuerdo con las características y capacidades humanas, sin contradicciones con las leyes naturales que rigen en la actividad.
La señalización y el balizamiento son elementos tecnológicos esenciales en la Ingeniería de la seguridad vial, dado que transmiten información que es imprescindible para el correcto funcionamiento del sistema y la seguridad del tráfico.
Las deficiencias ergonómicas de la señalización y el balizamiento actual, por carencia, mal diseño, mala construcción, mala ubicación, mala conservación o por incoherencia, es uno de los problemas técnicos sin resolver que hacen que el sistema viario sea tan inseguro. Problema técnico que afecta a todas las vías, pero con mayor incidencia y gravedad en la red secundaria y local de carreteras, y en las zonas urbanas, precisamente donde más castiga la siniestralidad.
Resolver ese problema técnico es responsabilidad exclusiva y propia de las administraciones viarias, que deben llevarlo adelante sistemáticamente solucionando carencias y defectos, tanto en planes de adaptación ergonómica de la señalización y el balizamiento existente, como en las tareas de conservación y mantenimiento, además de solucionar las carencias y deficiencias que informan las policías de tráfico que custodian y vigilan el tráfico y su seguridad.
Iniciativas ciudadanas como PONLE FRENO no tienen la capacidad de resolver el problema y reducir los riesgos y los siniestros que produce. Pero sí de ponerlo de manifiesto a la sociedad, mostrando que ese problema técnico es también un problema humano y social de envergadura, que tiene importantes consecuencias económicas por los costes sociales de la siniestralidad que produce, y que afecta a la supervivencia y a la integridad física de las personas que transitan por las vías. No se necesitan más razones para ir solucionándolo sistemáticamente, aprovechando los conocimientos, los recursos y las inversiones disponibles; más bien se trata de aceptar un compromiso imprescindible para la seguridad y la calidad de vida de las personas.
“El cuidado del hombre y de su destino deben constituir el interés principal de todos los esfuerzos técnicos. No olvidéis esto jamás entre vuestros diagramas y ecuaciones.” Albert Einstein.
Luis M. Xumini.
“Lo malo no es sólo que haya accidentes de tráfico, sino lo poco que sabemos de por qué se producen y lo poco que hacemos para evitarlos” Albert Einstein.
El sistema viario es un sistema tecnológico complejo y el principal sistema de transporte de la sociedad, que tal y como lo conocemos se ha construido y desarrollado durante el siglo XX con la incorporación del automóvil como elemento dinámico del sistema. Sin embargo, no se ha construido y gestionado con el nivel tecnológico necesario para que el sistema funcione bien, sea seguro y cumpla sus funciones en la sociedad. En otras palabras: no se ha hecho para facilitar las cosas a las personas, para satisfacer sus necesidades ni tampoco para fomentar su seguridad.
En esas condiciones, cuanto más lo usa la sociedad para satisfacer sus necesidades de transporte, más se agravan los efectos adversos que produce y que, además, pueden interaccionar entre sí. Los síntomas más inmediatos y evidentes de que el sistema no está configurado correctamente, de que está funcionando mal y de que es inseguro, son tres efectos adversos característicos: la congestión, la falta de espacio para parar y estacionar, y la siniestralidad.
Lejos de las creencias populares y de las falacias de la pseudociencia, la siniestralidad es la consecuencia de la inseguridad del sistema viario, por no construirlo y gestionarlo resolviendo los múltiples problemas técnicos que hacen que sea tan inseguro.
“No hay sino un medio de evitar accidentes en los caminos, es hacer que sean improbables, pero no improbables para una especie ideal, inexistente, de conductores o peatones prudentes, atentos, inteligentes, de rápida reacción, sino para los hombres tal cual son o tal cual llegan a ser en las diversas circunstancias de la vida diaria." Pascual Palazzo, 1937.
El funcionamiento del sistema es por las interacciones, complejas y poco conocidas, que se producen entre los elementos naturales y artificiales que lo configuran, por ello las características de las infraestructuras son tan determinantes de la siniestralidad y de la seguridad, porque son muy determinantes en el funcionamiento y en el fallo del sistema.
Los peatones y conductores son el procesador natural que transforma la información que percibe de los demás elementos del sistema en acciones para generar y equilibrar el movimiento, por ello la ergonomía es materia fundamental de la Ingeniería de la seguridad viaria. Su objetivo es asegurar que los humanos y la tecnología operen en completa armonía, manteniendo los elementos tecnológicos y las tareas de acuerdo con las características y capacidades humanas, sin contradicciones con las leyes naturales que rigen en la actividad.
La señalización y el balizamiento son elementos tecnológicos esenciales en la Ingeniería de la seguridad vial, dado que transmiten información que es imprescindible para el correcto funcionamiento del sistema y la seguridad del tráfico.
Las deficiencias ergonómicas de la señalización y el balizamiento actual, por carencia, mal diseño, mala construcción, mala ubicación, mala conservación o por incoherencia, es uno de los problemas técnicos sin resolver que hacen que el sistema viario sea tan inseguro. Problema técnico que afecta a todas las vías, pero con mayor incidencia y gravedad en la red secundaria y local de carreteras, y en las zonas urbanas, precisamente donde más castiga la siniestralidad.
Resolver ese problema técnico es responsabilidad exclusiva y propia de las administraciones viarias, que deben llevarlo adelante sistemáticamente solucionando carencias y defectos, tanto en planes de adaptación ergonómica de la señalización y el balizamiento existente, como en las tareas de conservación y mantenimiento, además de solucionar las carencias y deficiencias que informan las policías de tráfico que custodian y vigilan el tráfico y su seguridad.
Iniciativas ciudadanas como PONLE FRENO no tienen la capacidad de resolver el problema y reducir los riesgos y los siniestros que produce. Pero sí de ponerlo de manifiesto a la sociedad, mostrando que ese problema técnico es también un problema humano y social de envergadura, que tiene importantes consecuencias económicas por los costes sociales de la siniestralidad que produce, y que afecta a la supervivencia y a la integridad física de las personas que transitan por las vías. No se necesitan más razones para ir solucionándolo sistemáticamente, aprovechando los conocimientos, los recursos y las inversiones disponibles; más bien se trata de aceptar un compromiso imprescindible para la seguridad y la calidad de vida de las personas.
“El cuidado del hombre y de su destino deben constituir el interés principal de todos los esfuerzos técnicos. No olvidéis esto jamás entre vuestros diagramas y ecuaciones.” Albert Einstein.
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