13 junio 2010

Nuevas ideas: desastres para un futuro no lejano.

“Si una generación dejase de estudiar, la humanidad actual, en sus nueve décimas partes, moriría fulminantemente. El número de hombres que hoy viven sólo pueden subsistir merced a la técnica superior de aprovechamiento del planeta que las ciencias hacen posible.” José Ortega y Gasset, 1933.

Es fácil imaginar las consecuencias adversas que resultan para la humanidad cuando la técnica queda en manos de profanos que no atienden a los dictados de la prudencia a la hora de decidir y hacer, sin saber de una materia y sin prever las consecuencias de lo que hacen. Esto ya lo advertía el periodista estadounidense Walter Lippmann cuando escribió La opinión pública en 1922: “la decisión sobre las cosas las toman gentes que no tienen la menor idea de cómo funcionan las cosas.” O sea: desastre al canto.

Pues bien, para las nuevas ideas que vienen imponiéndose para el aprovechamiento del planeta, también en España y en muchos municipios, el automóvil ya no es el avance tecnológico que revolucionó el transporte terrestre durante el siglo XX hasta el punto que, junto al desarrollo de las telecomunicaciones, permitieron el desarrollo y el funcionamiento material de la sociedad actual, con el aumento de población producido, cuya supervivencia, calidad de vida y desarrollo de las actividades socioeconómicas, dependen funcional y materialmente de una logística muy precisa, que es posible gracias a la agilidad y eficacia de los transportes, especialmente del terrestre, y esencialmente gracias al sistema y el tráfico viario (caminando y con automóviles, y, en menor medida con vehículos a tracción animal -humana y de otras especies)… ya no.

El sistema viario ya no es el principal sistema de transporte de la sociedad que intercomunica en su totalidad la estructura espacial en la cual se asienta la sociedad y desarrolla la vida y las actividades socioeconómicas, con el que intercomunican los demás sistemas de transporte (todos tienen su principio y su fin en el sistema viario, en él comienza y finaliza todo viaje)… ya no.

La técnica de tráfico, denominada ingenuamente Ingeniería creyendo que se trataba una especialidad tecnológica con objeto y métodos propios para el aprovechamiento del conocimiento en conformar y gestionar un sistema tecnológico complejo, ha dejado de serlo. Tenemos pocos centros académicos para formar a la cantidad de técnicos en el sistema y el tráfico viario que precisa la supervivencia, la calidad de vida, el funcionamiento y desarrollo de la sociedad actual, y la resolución de los problemas que estamos teniendo con el sistema y el tráfico viario (que son una bagatela para lo que se avecina en las ciudades con las nuevas ideas), pero aún esos pocos habrá que cerrarlos por inútiles, porque según las nuevas ideas ya no se precisa la técnica de tráfico para conformar y gestionar ese sistema tecnológico complejo que es el sistema viario, que se creía era el principal sistema de transporte de la sociedad, revolucionado y evolucionado gracias a la incorporación del automóvil al sistema y a las mejoras tecnológicas en las vías y en la gestión del tráfico, de cuyo correcto funcionamiento dependía la supervivencia, la calidad de vida y el desarrollo de las actividades socioeconómicas… ya no.

La nuevas ideas vienen a plasmarse en síntesis en la Editorial del Info Seguridad Vial nº 23, Marzo-Abril de 2010 que publica la Dirección General de Tráfico española, que dice así:

Sabemos que el reto de nuestro tiempo es recuperar el medio ambiente. Esa preocupación hace necesario un cambio de paradigma desde una movilidad que se ha basado en la fluidez de la circulación a una movilidad sostenible. Este tipo de movilidad requiere una ordenación urbana que, entre otras cosas, haga a nuestras ciudades amables para la bicicleta. Algunas están en ello como se ha visto con la participación de la Red de Ciudades por la Bicicleta en el “3er Congreso de la Bicicleta”, en el que se han abordado cuestiones relacionadas con las infraestructuras y la legislación. La información presentada en el mismo puede ser consultada en el enlace http://www.congresbicicat.org/ca/documentacio.html. La bicicleta también adquiere protagonismo a nivel internacional y por ello el Joint Transport Research Centre de la OECD/ITF organiza el Primer Grupo de Trabajo sobre Seguridad Ciclista. Existe una gran necesidad de dar soluciones efectivas y seguras en este tema, ya que, según la OCDE, durante los últimos diez años el esfuerzo para realizar un trabajo de colaboración internacional ha sido pequeño.”

Si se analiza el texto resaltado en negrita pronto se descubre que no se entiende nada de lo que están diciendo. Veamos. Como premisa cierta e incuestionable dice: ”Sabemos que el reto de nuestro tiempo es recuperar el medio ambiente”. De lo afirmado se deduce que hemos perdido el medio ambiente, sino ¿por qué tenemos el reto de recuperarlo? Pero, ¿qué es el medio ambiente?

Acudimos al DRAE y nos dice que medio ambiente es: “conjunto de circunstancias culturales, económicas y sociales en que vive una persona”. Y referido a la Biología: “conjunto de circunstancias exteriores a un ser vivo”. Luego no sabemos ni tenemos que recuperar el medio ambiente, porque el medio ambiente ni se pierde ni se recupera, es el que es en cada momento y lugar, el que se ha conformado con el paso del tiempo y en el que vive una persona y un ser vivo.

Después dice: “Esa preocupación hace necesario un cambio de paradigma desde una movilidad que se ha basado en la fluidez de la circulación a una movilidad sostenible”. Un paradigma es un modelo, ejemplo o concepto, que se puede conformar sobre algo real observando y definiendo la realidad que se observa; pero también se puede conformar desde la imaginación sin tener correspondencia ni coherencia con la realidad, es lo que llamamos una fantasía.

El cambio de modelo o concepto que proclaman desde la Editorial es desde una “movilidad que se ha basado en la fluidez de la circulación a una movilidad sostenible”. Luego, para entender qué están diciendo hay que aclarar qué es una “”movilidad fluida”” y qué es una “”movilidad sostenible””, o no tendremos ni la menor idea de qué nos están hablando.

Según el DRAE movilidad es simplemente la “cualidad de movible”, y fluidez es la cualidad de fluido, que según el DRAE es lo siguiente:

1. adj. Se dice de las sustancias en estado líquido o gaseoso. U. t. c. s. m.
2. adj. Dicho del lenguaje o del estilo: Corriente y fácil.
3. adj. Econ. Dicho de un factor económico: Fácil de manejar.
4. m. Corriente eléctrica.
5. m. Biol. Cada uno de los agentes hipotéticos que admitían algunos fisiólogos; p. ej., el fluido nervioso y el magnético animal.

Movilidad fluida sería, a tenor de lo que indica el DRAE, la cualidad de “movible fácilmente”. Entonces nos están diciendo en la Editorial que para recuperar ese medio ambiente, que no hemos perdido porque es imposible que un medio ambiente se pueda perder, tenemos que pasar del concepto de “movible fácilmente” al concepto de “movilidad sostenible”, que tampoco sabemos a qué se refieren, porque no se han molestado en decirnos en qué consiste tal cosa.

Para aclarar un poco qué puede ser eso de la “movilidad sostenible”, a continuación reproduzco un artículo titulado precisamente “La movilidad sostenible”, que se publicó hace poco en la Tribuna de la revista Rutas, nº de Marzo-Abril, Madrid, 2010, dice tal que así:

La movilidad sostenible.

Sandro Rocci y Luis M. Xumini.

Uno de los mantras que ahora se aplican a los temas que interesa presentar como políticamente correctos es el de “sostenible”. Esta palabreja, según el Diccionario de la Real Academia Española, aplicada a un proceso indica que puede mantenerse por sí mismo, como lo hace, p. ej., un desarrollo económico sin ayuda exterior ni merma de los recursos existentes. Según el mismo Diccionario, un desarrollo sostenible es el que, cubriendo las necesidades del presente, preserva la posibilidad de que las generaciones futuras satisfagan las suyas. Esta definición coincide prácticamente con la primera proclamada por el Informe Brundtland de 1987.

Ahora también se ha acuñado la expresión “movilidad sostenible”. Observemos, de paso, que la palabra “movilidad” no figura en el mentado Diccionario más que como “cualidad de movible”, y no en el sentido de un sistema de transporte que, al ser sostenible, cubra las necesidades del presente y preserve la posibilidad de que las generaciones futuras puedan satisfacer las suyas. Se va eclipsando la tradicional palabra “tráfico”, o sea la “circulación de vehículos por calles, caminos, etc.”, aunque otra acepción lo amplía al “movimiento o tránsito de personas, mercancías, etc. por cualquier otro medio de transporte”.

Más que del modo predominante, parece que la movilidad ahora se ocupa predominantemente de los peatones, de los ciclos y del transporte colectivo de superficie; quizás porque se piense que los demás vehículos, al ser mayoría, se cuidan solos…

Aunque se diga que en las ciudades ya se aplican medidas para lograr que la movilidad sea sostenible, no está claro que esas medidas sirvan para algo. Los síntomas más evidentes de que el sistema viario urbano no está configurado correctamente para satisfacer las necesidades actuales del transporte (no ya las futuras) son tres efectos adversos característicos: la congestión, la siniestralidad y la falta de espacio para parar o estacionar. Dado que los dos primeros reciben bastante atención, fijémonos ahora brevemente en el tercero.

La insuficiencia de espacio para parar o estacionar es bastante determinante en el ámbito urbano: es como si no hubiese aeropuertos suficientes para los aviones que están volando. Cuando esa carencia se agrava no sólo aumentan la congestión y la inseguridad; sino que también se agravan otros efectos adversos propios, como por ejemplo un consumo improductivo de combustible por parte de los vehículos que dan vueltas buscando donde parar o estacionar.

En el ámbito del Urbanismo hay escuelas de pensamiento que sostienen que como el espacio público es un bien escaso muy valioso, es un desperdicio dedicarlo al estacionamiento. La aplicación de este filosofismo da lugar al estrechamiento de las calzadas urbanas y a la delimitación de los espacios peatonales mediante bolardos (a menudo agresivos para los propios peatones). Se eleva la altura de las edificaciones, sin prever en las vías que las sirven las necesidades de espacio que implica ese aumento de la población. Las vías ya no se diseñan con el espacio que requieren su correcto funcionamiento.

Otras escuelas piensan que, si no pueden estacionar, los vehículos dejarán de circular. Esto es cierto en gran medida, pero tiene sus limitaciones: una gran parte de los ciudadanos lo seguirá intentando, pues necesita circular o considera que tiene derecho a ello. Otros han descubierto que el estacionamiento, como todo bien escaso, puede ser una fuente de ingresos.

Así, el tráfico urbano no hace otra cosa que agravarse: cada vez más caro, más ineficiente, más incómodo, más contaminante y menos seguro: o sea: menos… sostenible.

Las consecuencias serán aún más graves para las generaciones futuras si no se comienza pronto a diseñar y a gestionar el sistema viario urbano con un nivel tecnológico más adecuado que el actual. Así se podrá invertir la tendencia; y la movilidad sostenible lo será de verdad, en vez de unas palabras vacías, a merced de filosofismos diversos e intereses varios.”

Ahora que tenemos más claro lo que es movilidad sostenible, resulta que lo que proponen en la Editorial es cambiar de un sistema de transporte en el que el movimiento sea fácil (movilidad fluida), a un sistema de transporte capaz de satisfacer las necesidades de transporte del presente sin merma para que puedan satisfacer las suyas las generaciones futuras (movilidad sostenible). O sea, que, como ya se apuntaba, no está nada claro lo que dicen con las palabras que emplean, porque la fluidez es una de las cualidades necesarias en un sistema de transporte sostenible, igual que también son necesarias la seguridad, la comodidad, la economía y hasta cuidar del medio ambiente, pero no en el sentido de recuperar lo perdido porque es materialmente imposible (el tiempo no es reversible), sino de cuidar lo que existe en cada lugar y momento, y si es malo, intentar mejorarlo; actividad que no es recuperar, es mejorar.

En definitiva, a tenor del contenido de la Editorial, andan bastante perdidos en cuanto a lo que es y existe (tienen serias dificultades para concebir algo acertado sobre la realidad), y como consecuencia inherente también andan perdidos en cuanto a qué es lo que hay que hacer para mejorar y sostener este mundo. Pese a ello insisten en decir qué es lo que hay que hacer en un lenguaje ambiguo y vacío que nadie puede entender.

El remate de estas nuevas ideas, de las fantasías animadas de hoy, es cuando se llevan a la práctica sin saber de la materia y sin prever las consecuencias que ello tendrá en las personas y en la sociedad, en la supervivencia, en la calidad de vida y en el desarrollo de las actividades socioeconómicas, más aún cuando esa aventura, palo de ciego o experimento descontrolado con el método de prueba y error, en el que las cobayas obligadas son las personas que transitan y viven en ese medio ambiente, se lleva a cabo en plena crisis.

Una muestra capaz de horrorizar a cualquier cuerdo que tenga por costumbre emplear el sentido común y la prudencia, pensándose las consecuencias que tendrá lo que hace, para sí mismo y para el prójimo, la tenemos en el artículo que ha publicado una edil en Informacion.es, contando como se llevan a la práctica las nuevas ideas sobre el tráfico, el sistema viario y el medio ambiente urbano; puede leerlo pinchando AQUÍ; y otro artículo de otro edil hablando de la reinvención del sistema y tráfico viario urbano, puede leerlo pinchando AQUÍ. Por último, recordar que las consecuencias de lo que técnicamente se hace mal en la configuración y gestión del sistema viario las sufren y las pagan los ciudadanos, los usuarios viarios, a los que a la vez se les acusa de ser los principales causantes de todos los males que existen en el tráfico por calles y carreteras.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada